Dra. Grecia Salazar Bravo. Individuo correspondiente de la Academia Nacional de la Historia.
Luego de que los conquistadores españoles encontraron perlas en manos de los aborígenes guaiqueríes, en 1508 se trasladaron a Cubagua, como esclavos, a los habitantes de las Bahamas, los lucayos, para usarlos en el buceo buscando perlas, pues eran muy buenos nadadores; pero con la vida que llevaban fallecieron prontamente; como nos lo refiere Fray Bartolomé de Las Casas: …se vendían cuasi…, con ciertas cautelas, no a 4 pesos, como al principio se habia ordenado, sino a 100 y 150 pesos de oro y más cada uno… Cresció tanto el provecho que sacando con ellos perlas los nuestros hallaban,…con gran riesgo y perdicción de las vidas de los lucayos,…, que por maravilla se halló en breves días que en esta isla quedase algún lucayo. (Las Casas, B., 1951: 353).
Obviamente con esa vida era muy difícil durar mucho tiempo, porque además estaban los peligros que acarrea de por si el trabajo de buzo; cuya primera descripción también realizó Las Casas: “Llevánlos en las canoas,…, y van con ellos un verdugo español que los manda; llegados en la mar alta,…, mandan que se echen al agua; zambúllense y van hasta el suelo y allí cogen las ostias que tienen las perlas, y hinchen dellas unas redecillas que llevan al pescuezo o asidas a un cordel que llevan ceñido, y con ellas o sin ellas suben arriba a resollar,… e a las veces les dan de varazos que se zambullan, y siempre todo este tiempo nadando y sosteniéndose sobre sus brazos;… desde que sale hasta que se pone el sol, y así todo el año si llegan allá,…,la comida es algún pescado y el pescado que tienen las mismas ostias donde están las perlas y el pan caçabi y el hecho de maíz,… Las camas que les dan a la noche son el suelo con unas hojas de árboles o hierba, los pies en el cepo, porque no se les vayan. Algunas veces se zambullen y no tornan jamás a salir; o porque se ahogan cansados y sin fuerzas y por no poder resollar, o porque algunas bestias marinas los matan o tragan.» (Las Casas, B., 1951: 403). Durante la extracción de perlas en Cubagua este fue el sistema que imperó, y le trajo la muerte a gran cantidad de hombres, que eran obligados a realizar dicho trabajo.
De la reseña aportada por diversos cronistas se sabe que los indígenas y esclavos africanos usados en la búsqueda de perlas, bajaban al agua por medio del buceo a pulmón libre, aunque no se sabe con certeza la profundidad a la que se llegaba, pero posiblemente estaba entre 4 y 9 brazas ( Braza: f. (de brazo, por ser la medida de los brazos extendidos). Medida de longitud que equivale a dos varas ó 1.6718m: la braza se usa aún en las medidas marinas); de los testimonios de los cronistas se deduce que lo normal era que se llegara a profundidades de ocho brazas, pero que, con claridad en las aguas, podían llegar hasta nueve.
Por dichas descripciones, sabemos que los buceadores tapaban su nariz con pinzas y se sumergían agarrados a sogas, una fina que soportaba el peso del buzo y una gruesa, que se usaba para subirlos a la superficie; esta era llamada el cabo de vida.
Al principio los buceadores eran solamente aborígenes caribeños esclavizados; pero más adelante se les unieron los esclavos africanos; una Real Cédula de 1526 autoriza a Juan de Urrutia para que traslade 30 esclavos negros a Cubagua; al año siguiente se da otro permiso de trasladar a la isla 12 esclavos negros. Los buzos podían ser vendidos como esclavos, se conoce que en 1600 hubo una negociación de una granjería de perlas, en la cual se vendieron 13 esclavos negros, y en la venta de una empresa dedicada a la explotación de perlas, la transacción incluyó a 13 indígenas.
Los aborígenes de la isla de Margarita aunque eran considerados vasallos libres de su Majestad, también se usaron como buzos; ya que, eran quienes mejor conocían los sitios donde se encontraban los ostrales; algunos guaiqueríes trabajaron en Cubagua, y se llevaban las mejores perlas a Margarita, lo que obligaba a los españoles a “perseguirlos” para negociar con ellos; de hecho les daban vino, lo que era su perdición y siempre terminaban regalando las perlas.
Con respecto a la vida de los primeros buzos, usados en la búsqueda de perlas, poseemos información gracias a las Ordenanzas que se hicieron para regular la existencia que llevaban las personas involucradas en la extracción de las perlas, así tenemos, que si alguien se robaba una perla corría el peligro de ser azotado y si volvía a hacerlo le cortaban las orejas y lo echaban al abandono; de los buzos que fallecían sólo se sabe que agravaron la suerte de los vivos, debido a que eran lanzados al mar, lo que atraía a los tiburones; por lo que en 1537 se prohibió dicha costumbre. También se dispuso que los que fallecían se enterraran…fuera del pueblo y que la sepultura sea honda e quede cubierta con tunas o con cardones por manera que ningún perro ni otro animal lo pueda desenterrar… (Otte, E., 1984: 129).
Esa era la dura vida de los buscadores de perlas en el siglo XVI en Cubagua.
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